Profeta Isaías (Bóveda Sixtina)
Sentado, monumental y a la vez alerta, Isaías se vuelve desde su libro como si acabara de ser interpelado. Un trono marmóreo, la túnica de verdes bronceados y los putti que lo acompañan enmarcan una figura definida por la energía latente: el giro del torso, la mano viva sobre las páginas, el ceño concentrado. Miguel Ángel convierte la profecía en acto físico de lectura, escucha y respuesta al mismo tiempo.
Por qué esta obra es importante
- Modelo de «pensar en movimiento» que influirá en los tipos proféticos de muchos artistas posteriores.
- Ejemplo de la síntesis miguelangelesca de arquitectura, figura y psicología.
En qué fijarse
- El giro: el torso se vuelve mientras el libro ancla la postura.
- La pesada túnica verde-bronce, tallada en grandes planos.
- Los putti atentos y la cartela con el nombre, integrando figura y asiento.
- El modelado de las manos, donde la mente en acción se vuelve visible.
Dato curioso
El Isaías de Rafael en Sant’Agostino (Roma) retoma esta pose girada: un homenaje tras contemplar la bóveda de la Sixtina.
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