Le figlie di Loth III (Las hijas de Lot III)
En su giro posfuturista, Carrà adopta un silencio metafísico: figuras monumentales reducidas a volúmenes nítidos, colores terrosos apagados y un escenario fuera del tiempo. El tema bíblico se aborda con contención: gestos ralentizados, espacio casi arquitectónico y emoción hacia dentro. Es el clasicismo del Novecento en germen, que sustituye la velocidad por peso y una serenidad casi ritual.
Por qué esta obra es importante
- Marca el paso de Carrà del Futurismo a una modernidad sobria y clasicista.
- Sensibilidad Novecento: volúmenes simplificados, calma arcaica y gravedad moral.
En qué fijarse
- Cuerpos macizos, casi escultóricos, definidos por contornos limpios.
- Paleta apagada —ocres, grises pétreos— que crea una distancia casi temporal.
- Espacio detenido, escénico, que se lee como un relieve vuelto vida.
Dato curioso
Hacia 1920 Carrà escribía casi tanto como pintaba: su teoría del «retorno al orden» influyó en las tendencias clasicistas italianas.
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