Estatua de bronce del río Tíber
Este célebre retrato romano de dios fluvial convierte al Tíber en un gigante barbado, medio recostado sobre una urna de la que mana el agua. Símbolos abarrotan la escena: una cornucopia para la abundancia, un timón o remo para la navegación y la Loba Capitolina con los gemelos Rómulo y Remo, que vinculan el río al mismo origen de Roma. Tallada a escala heroica y pensada para un gran despliegue, ejemplifica la personificación romana: geografía, mito y prosperidad reunidos en un solo cuerpo sereno y musculoso. En el Braccio Nuovo se enfrenta a su contraparte, el Nilo, invitando a un diálogo entre los ríos de Roma y Egipto.
Por qué esta obra es importante
- Ejemplo romano emblemático de deidad fluvial personificada que vincula naturaleza, mito e identidad cívica.
- Pieza señera del Braccio Nuovo, emparejada en diálogo con la estatua gemela del Nilo.
En qué fijarse
- La Loba Capitolina amamantando a Rómulo y Remo bajo el brazo del dios.
- La cornucopia y la urna de agua que simbolizan fertilidad y caudal.
- La pose reclinada con remo o timón: un río dominado y a la vez dador de vida.
Dato curioso
Su contraparte, el Nilo, suele lucir dieciséis niños pequeños —uno por cada codo ideal de la crecida anual— mientras que el Tíber concentra la atención en los gemelos de Roma.
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